[Reseña] “Hamnet”: Amor y pérdida latiendo al unísono

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Hay poca información concreta sobre la vida de William Shakespeare más allá de su obra. “Hamnet”, la película dirigida por Chloé Zhao e inspirada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, se instala precisamente en esos vacíos para explorar, desde la emoción, el amor y el duelo, aquello que la historia no dejó registrado.

En Hamnet”, la historia se centra en Agnes, la esposa del escritor y poeta. Se sabe que ambos se casaron cuando él tenía 18 años y ella 26; que tuvieron tres hijos, Susanna y los gemelos Judith y Hamnet, que Hamnet murió a los 11 años, en una Inglaterra convulsionada por la peste y que, cuatro años después, Shakespeare publicó Hamlet. El resto son espacios que la historia ha llenado a voluntad, casi siempre desde el juicio o la acusación. O’Farrell aprovecha esos silencios y les da un giro brillante, hermoso y profundamente emotivo, conectando con el amor, el duelo y el arte como caminos hacia la catarsis y el perdón. De la mano de Chloé Zhao, esta historia nacida en el papel se transforma en una representación delicada e inspiradora.

Sinopsis: De la escritora y directora ganadora del Óscar® Chloé Zhao, Hamnet cuenta la poderosa historia de amor que inspiró la creación de la obra maestra atemporal de Shakespeare, Hamlet.

Se trata de una obra feminista que resignifica a una mujer históricamente relegada al margen, para convertirla en una fuerza salvaje e inspiradora: sostén y motor, parte imprescindible de una dupla que solo en la mirada del otro encuentra su verdadero hogar. Hamnet nos muestra que, a veces, la realidad puede esconder belleza, bondad y amor coexistiendo con la desesperanza, el dolor y la oscuridad, y que hay momentos en que la verdadera rebeldía radica en creer que esta emoción puede ser el eje de la historia.

Agnes, interpretada por Jessie Buckley, es salvaje e indómita; incomprendida, rebelde y tenaz. Posee una conexión con la naturaleza que parece heredada, pero que se nutre de un talento profundamente arraigado en su espíritu. Estas características le otorgan una luz propia que, al mismo tiempo, la convierte en una forastera, aunque no para William, quien logra conectar con la autenticidad de su naturaleza.

Por su parte, Shakespeare en la piel de Paul Mescal, es presentado como un hombre que habita la oscuridad de una familia que lo menosprecia y lo utiliza como instrumento para reparar los errores de su padre, sin ofrecerle un espacio para construir su propio camino. En Agnes encuentra una luz que lo guía hacia un mundo nuevo, lleno de posibilidades por explorar, lejos de las apariencias y de las imposiciones de una familia en decadencia, abriendo así una puerta hacia la libertad.

Pero incluso en la libertad la vida guarda reveses, algunos tan duros que amenazan con derribar los cimientos más profundos. La película retrata ese instante en que encuentras tu lugar en el mundo, extiendes los brazos, abres los ojos y todo parece iluminarse de otra forma, hasta que, de pronto, la vida arranca un pedazo y deja un abismo que amenaza con devorarlo todo.

Ya no hay palabras para nombrar el dolor, y se busca entonces otra forma de abrazar la oscuridad sin dejar que consuma: reconciliarse con ella, despedirse y sanar. Permitir que aquello que duele fluya junto con la sangre que da vida, que encuentre su voz en las entrañas y se exprese a través de la historia de otros, reflejando, de algún modo, la propia. Abrir el corazón para recibir la luz, pero también para entregar lo que intenta ocultarse, y mirar al otro como nunca antes, aun cuando se le haya conocido de mil maneras.

La película es, sin duda, una obra de arte: desde su narración hasta su propuesta visual, pasando por una música que acompaña con precisión aquellos momentos en que las palabras sobran. Luces y sombras construyen escenas que reflejan fielmente el alma de sus personajes. Un elenco notable ofrece interpretaciones conmovedoras y estremecedoras, incluso en los roles más jóvenes (Jacobi Jupe entrega una actuación especialmente deslumbrante). 

Zhao se convierte en la directora perfecta para retratar no la experiencia en sí, sino la forma en que las vidas de los personajes son atravesadas por ella, algo que se refleja en los espacios, los silencios y los gestos. Esta no es una reinterpretación de la vida de Shakespeare, sino la exposición de una posibilidad atravesada por una sensibilidad contemporánea y profundamente humana. Una cinta que emociona hasta lo más profundo y que es un imperdible de esta temporada y de todas las que sigan.

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