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Celine Song nos conquistó con su ópera prima Past Lives, una visión íntima sobre el amor, las relaciones y la identidad. En esta nueva cinta, protagonizada por un trío de lujo, vuelve a explorar esos mismos temas, ahondando en el verdadero sentido del amor. Aunque promete ser una comedia romántica, se aleja del formato clásico para acercarse, con sensibilidad, a la complejidad de la naturaleza humana.
Sinopsis: Una joven y ambiciosa casamentera de Nueva York se encuentra dividida entre la pareja perfecta y su imperfecto ex.
El amor se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la era moderna. Inspirados por películas donde las coincidencias, la química y el destino lo pueden todo, la realidad a la que nos enfrentamos dista de eso, marcada por interacciones virtuales, expectativas imposibles y apariencias que son carta de presentación… y de despedida.
Celine Song transita con naturalidad desgarradora por una diversidad de temas que se entretejen en lo cotidiano. Nos muestra un mundo donde lo importante ya no es quiénes somos, sino qué tantos criterios logramos cumplir. Así, pone en marcha una conversación contingente, necesaria, larga y profunda: una reflexión sobre la esencia misma del amor.

En esta realidad, nos convertimos en productos, y las relaciones, transacciones. El amor pierde valor y desaparece rápidamente de la ecuación. El tiempo apremia, la sociedad presiona, las metas tienen orden y fecha, y siempre vamos tarde. Por eso, algo tan complejo como el amor termina quedando en segundo plano.
Cuando dejamos de lado la humanidad, obviamos detalles importantes. Podemos, sí, fabricar ese producto perfecto que cumple con todos los requisitos, pero resulta vacío. ¿Y qué implicancias tiene adquirir algo vacío, si lo pensamos para el largo plazo?

Es entonces cuando la película nos invita a preguntarnos: ¿Es realmente tan complejo el amor? ¿Está grabado en nuestra naturaleza? Tal vez no, pero lo que sí parece claro es que no basta. ¿Somos nosotros suficientes? ¿Somos valiosos? Es lo que buscamos sentir, pero ese sentimiento se vuelve volátil si está basado únicamente en criterios como tu carrera, tu salario, tu altura o tu edad. Y si encontramos algo que parece amor, ¿cómo lo cultivamos? ¿Qué hacemos con él, si por sí solo no basta? El dilema parece interminable. Pero lo que sí podemos aceptar es que el amor parece incontrolable e inevitable.
Y es en esta contradicción que la historia se embarca. Resulta difícil adentrarse en los múltiples temas que la cinta aborda sin revelar demasiado, pero su gran fortaleza está, sin duda, en el guion.

Lamentablemente —y a pesar del carisma del elenco— hay algo en pantalla que no logra tocar el corazón del espectador como sí lo hizo su predecesora. La química entre los personajes no termina de construirse, se siente ligera, incluso olvidable. La música, en ocasiones, desentona con el ambiente emocional que la cinta intenta transmitir. En conjunto, no es un resultado perfecto: le falta un poco de la magia que la haría más atractiva o vendible a simple vista.
Así, Amores materialistas se convierte también en un producto: uno lleno de alma, pero al que le falta forma. ¿Es eso suficiente? Supongo que cada quien decidirá. Para mí, con sus ideas, lo es.













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