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Ya está disponible en los cines de Chile: “Anaconda”, una nueva entrega de la clásica franquicia de terror y acción con serpientes asesinas gigantes, iniciada en 1997 con Jennifer Lopez (Shotgun Wedding), Jon Voight (Misión Imposible) e Ice Cube (Straight Outta Compton).
Sinopsis: Doug (Jack Black) y Griff (Paul Rudd) son mejores amigos desde que eran niños y siempre han soñado con hacer un remake de su película favorita de todos los tiempos: el clásico cinematográfico Anaconda.
Cuando una crisis de mediana edad los empuja a lanzarse por fin a la aventura, se adentran en la selva amazónica para comenzar el rodaje. Pero las cosas se ponen serias cuando aparece una anaconda gigante de verdad, convirtiendo su cómico y caótico set de rodaje en una situación mortal.
¿La película que tanto desean hacer? Puede que les cueste la vida…
Lejos de ser un remake convencional o una secuela directa, “Anaconda” opta por un camino más sinuoso: el de la meta-comedia autoconsciente, inspirada libremente en el filme original de 1997. La película propone una premisa atractiva y, en apariencia, refrescante dentro de un panorama cinematográfico saturado de reboots y secuelas sin alma. Aquí, la historia sigue a un grupo de amigos de la infancia que, enfrentados a la inevitable crisis de la mediana edad, deciden rendir homenaje a la película que marcó su juventud: Anaconda. El plan es simple y nostálgico: viajar al Amazonas para recrearla de manera amateur. El problema, claro, surge cuando la ficción deja de ser un juego y se transforma en una lucha real por sobrevivir.
Sobre el papel, la idea funciona. Tiene humor, ironía y una lectura interesante sobre la nostalgia, el fracaso y la obsesión del cine actual por mirarse constantemente a sí mismo. Sin embargo, la ejecución no logra estar a la altura de su concepto. Con Jack Black (A Minecraft Movie) y Paul Rudd (Ant-Man and the Wasp: Quantumania) liderando el reparto, la película se apoya casi por completo en el carisma y las dinámicas conocidas de ambos actores. El resultado es una sucesión de chistes rápidos, fáciles y previsibles, muy en la línea de sus trabajos más recientes, que arrancan alguna sonrisa ocasional, pero rara vez van más allá de lo superficial.

La gran frustración de “Anaconda” es que se atreve a salir de lo tradicional, pero no tiene la ambición ni el rigor para profundizar en esa apuesta. La meta-narrativa queda apenas esbozada, como una broma interna que se repite sin evolucionar, desperdiciando una oportunidad valiosa para ofrecer una sátira más incisiva sobre el cine de franquicias, la nostalgia como mercancía y la crisis creativa de Hollywood.
No es casual que detrás del proyecto esté Tom Gormican, el mismo director de “The Unbearable Weight of Massive Talent” (2022), aquella comedia meta protagonizada por Nicolas Cage y Pedro Pascal. Al igual que en ese filme, Gormican vuelve a proponer una idea brillante en su punto de partida, pero que se diluye conforme avanza el metraje, quedándose en una experiencia liviana, irregular y finalmente olvidable. En ambos casos, la sensación es la misma: una película que promete mucho más de lo que realmente entrega.

De hecho, “Anaconda” termina siendo, irónicamente, exactamente lo que muestra en pantalla: una producción amateur. Y no solo en términos narrativos, sino también en su tono y desarrollo. Lo que comienza como un juego autoconsciente acaba sintiéndose descuidado, poco trabajado y carente de ambición, como si el propio filme se conformara con existir gracias a su idea inicial. Es un sketch de Saturday Night Live estirado durante poco más de 90 minutos, sin un arco claro, sin una progresión real y, lo más grave, sin saber cómo concluir.
La película avanza a trompicones, apoyándose en gags sueltos, comentarios autorreferenciales y situaciones que parecen improvisadas, pero que nunca terminan de construir un relato coherente. Incluso hay un chiste interno que resume perfectamente el problema: la sensación de que el filme se rodó sin un final claro, confiando en que la premisa bastaría para sostenerlo todo.

En cuanto al apartado de terror (supuestamente uno de los pilares del proyecto), la anaconda digital muerde muy poco. Su presencia es intermitente, casi anecdótica, y en varios tramos pareciera que el propio guion se olvida de ella. El peligro nunca se siente real, la tensión es mínima y la criatura, lejos de imponer respeto, se diluye como un elemento decorativo más.
Eso sí, no todo es completamente fallido. La película cuenta con algunos chistes que sí funcionan, un par de situaciones inspiradas y cameos llamativos que, sin exagerar, terminan siendo lo mejor del metraje. Son esos momentos los que recuerdan el potencial que “Anaconda” pudo haber tenido si hubiese apostado con mayor convicción por su propia propuesta.

En definitiva, “Anaconda” es una película que se queda atrapada en su propia idea, incapaz de desarrollarla con inteligencia o profundidad. Una comedia meta que confunde autoconsciencia con falta de esfuerzo, y que termina siendo tan liviana como olvidable. Divertirá a ratos, especialmente a quienes disfruten del humor de sus protagonistas, pero difícilmente dejará huella. Una oportunidad desperdiciada, tan grande como la serpiente que promete… y casi nunca cumple.













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