[Reseña] “Drácula”: Un amor del siglo XIX

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Ya está disponible en los cines de Chile: “Drácula”, una nueva adaptación cinematográfica del clásico de Bram Stoker que combina el inconfundible estilo visual de Luc Besson (El Quinto Elemento, Lucy) con la intensidad actoral de Caleb Landry Jones (Get Out, Nitram, DogMan). Como si fuera poco, la película cuenta con una banda sonora compuesta por el gran Danny Elfman (Batman, El joven manos de tijeras).

Sinopsis: Drácula reinterpreta el mito del vampiro a través de una narrativa profundamente emocional, donde el amor trasciende el tiempo y la muerte. La historia sigue a un príncipe del siglo XV que, tras perder a su esposa, desafía a Dios y se transforma en vampiro. Siglos después, en el Londres del siglo XIX, encuentra a una mujer que parece ser el reflejo de su amada perdida, iniciando una persecución que sellará su destino.

El reparto lo completan Christoph Waltz (Django sin cadenas, Bastardos sin gloria), Zoë Bleu (Signs of Love, Gonzo Girl) y Matilda De Angelis (Citadel: Diana) en una producción internacional, hecha entre Francia y Reino Unido. La propuesta apuesta por una estética gótica moderna, efectos visuales impactantes y una narrativa cargada de emociones intensas.

Este filme se suma a la nueva ola de adaptaciones de terror romántico, al nivel de producciones recientes como Nosferatu (2024) y Crimson Peak (2015).

En el plano artístico, la película cumple ampliamente con lo que se propone: ofrece gran fidelidad histórica, recrea con detalle escenarios y culturas, y representa con acierto distintas épocas, estéticas y vestimentas, lo que resulta sumamente atractivo. Los enfrentamientos están bien ejecutados y cuidadosamente diseñados, aportando realismo y verosimilitud, lo que compensa algunas licencias artísticas que se toma el director en otros aspectos. También incluye toques de humor que, aunque no siempre encajan del todo, lograron agradar a buena parte del público. También destaca la banda sonora, que aunque espectacular, se pierde un poco en el fondo.

Mi principal problema con esta cinta es que se presenta bajo el título de “una historia de amor”, y considero que es precisamente ahí donde más falla. Sobre todo porque, en las adaptaciones —especialmente cuando existen tantas sobre un mismo tema— es necesario apostar por un elemento distintivo: la estética, la historia o el mensaje. En este caso, el director optó por centrarse en la historia, pero en mi opinión, terminó desaprovechando la oportunidad.

No necesariamente debía transformar la historia en un modelo a seguir, pero sí podría haber defendido una visión distinta del amor, acorde con los cambios en la concepción actual de ese sentimiento, quizás incluso una crítica, pero no perpetuando el mito del amor romántico. No creo que la película logre apelar realmente al amor como concepto; sabemos que lo de Drácula no es amor, sino una obsesión malsana. Para convertirlo en una historia romántica, habría hecho falta capturar más del verdadero espíritu de ese sentimiento.

Tal vez, si el amor no hubiese sido el subtítulo de la película, no sería un punto tan relevante, pues se ajustaría más a la idea original. Sin embargo, para lograr el giro que Luc Besson, director y guionista, pretendía, se habría necesitado una visión más profunda, crítica y auténtica de lo que significa amar. Aquí, el amor —al igual que Drácula— se queda anclado en el siglo XIX.

Lamentablemente, este problema de guion provoca que los demás elementos queden un tanto a la deriva, sin ser suficientes para sostener la historia. Algo curioso, considerando la trayectoria de Besson, responsable de títulos como El profesional y El Quinto Elemento.

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