[Reseña] “Good Boy”: No te metas con el perro

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El terror es uno de los géneros favoritos de la taquilla. El público parece siempre tentado a ver una historia que despierte su instinto de huida y sus miedos más profundos, aunque a veces los recursos parezcan baratos o repetitivos. En un gran intento por innovar, el director Ben Leonberg se ha atrevido con Good Boy, una película que ha llamado la atención por centrarse en el punto de vista del perro compañero del humano protagonista.

A lo largo de la historia del cine hemos visto muchas cintas que exploran el instinto o “sexto sentido” de los animales, capaces de percibir el peligro mucho antes que los humanos. A Leonberg, inspirado en películas como Poltergeist, este elemento le pareció lo suficientemente interesante como para convertirlo en el eje central de su proyecto.

Sinopsis: Tras la muerte de un familiar, Todd se muda con su perro Indy a una antigua granja rural —supuestamente embrujada— que perteneció a su abuelo. Aunque Todd ignora las advertencias, Indy comienza a percibir presencias sobrenaturales invisibles para los humanos. Al no poder comunicarse verbalmente, Indy debe enfrentarse a estas fuerzas malignas para proteger a quien ama.

Aclaremos algo importante: Indy no muere y no existe maltrato animal en la cinta. La película ha sido reconocida por asociaciones dedicadas a la protección animal, destacando el trabajo respetuoso del equipo con este integrante. Cabe mencionar que Indy es el perro del propio director y de la productora Kari Fischer, por lo tanto, estaba totalmente familiarizado con la persona a su cargo durante las filmaciones. Los realizadores han declarado que muchas de las escenas se desarrollaron en contextos de juego y fueron adaptadas a las rutinas y necesidades del perro.

Si bien la cinta pertenece al género de terror, se apoya en la empatía que sentimos por nuestros compañeros de cuatro patas (y los animales en general) para explorar la angustia y la tensión constantes que provoca la preocupación por Indy. La película hace un excelente trabajo de cámara, transformándonos en compañeros de este personaje al filmar desde la altura de su mirada. De este modo, somos espectadores, pero no en primera persona, y el filme evita humanizar o racionalizar en exceso al protagonista canino. Sin embargo, este mismo recurso, que en principio resulta un acierto, termina por convertirse en una limitación: llega un punto en que el temor simplemente ya no puede crecer más.

La parte técnica de la cinta tiene gran mérito, pues logra darle al espectador la perspectiva necesaria para transformar una historia de base extremadamente sencilla en algo que se sostiene durante poco más de una hora. El foco está en el miedo que siente Indy ante la posibilidad de que algo le ocurra a su dueño y compañero. Estas emociones están brillantemente capturadas y nos mantienen al borde del asiento, porque, a su vez, nosotros tampoco queremos que le pase nada al perro. El objeto de terror resulta también atractivo, y su revelación tiene mucho más sentido que la de cientos de películas del género. La anticipación y la ansiedad son las emociones que nos guían a través de esta historia, ambientada en el entorno más clásico del terror: una casa embrujada.

Si somos críticos, hay varios elementos que no terminan de construirse. El argumento es sumamente lineal y carece de un gran desarrollo, aunque quizás no lo necesita. La propuesta se sostiene, y las emociones que buscamos al entrar a una sala para ver una cinta de terror están presentes. Good Boy vale totalmente la pena por su innovación y su mirada distinta dentro del género. Es imposible no terminar con el corazón apretado y los nervios de punta. En cines gracias a Bf Distribution.

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