[Reseña] “Mátate, Amor”: Transformaciones y desadaptaciones

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El universo está lleno de opiniones y de verdades. Y dentro de las verdades indiscutibles de la vida, una evidente es que hay pocos eventos tan transformadores como la maternidad. Para bien o para mal, como experiencia constructora o destructiva, pero transformadora al fin y al cabo, y en múltiples dimensiones. «Mátate, amor» es el reflejo de ese cambio: ese nuevo lente bajo el que miramos la vida, puesto sobre un escenario demasiado oscuro.

Sinopsis: Una joven pareja llena de esperanza y amor (Grace y Jackson) se muda de Nueva York a una casa heredada en el campo. En medio del aislamiento y la llegada de un nuevo bebé, Grace intenta encontrar su identidad. Pero a medida que comienza a desmoronarse, no lo hace desde la debilidad, sino desde la imaginación, la fuerza y una vitalidad indómita que la llevan a redescubrirse.

Jennifer Lawrence y Robert Pattinson protagonizan una película dramática que parece de terror. Ambos interpretan a una pareja cuya conexión está llena de estabilidad y la complicidad; una vida suficiente y atractiva. Y la pareja feliz y conforme sigue su curso natural, que parece involucrar la llegada de un hijo. Un hijo perfecto y una vida que cambia. Cambia porque las necesidades cambian, porque el tiempo cambia, porque el amor se reencausa y porque las personas se transforman, y con ellas, la pareja. Los hijos son un nuevo punto de gravedad, y eso hace que todo lo demás se desbalancee.

Die, my love es el reflejo de lo desafiante que resulta reconstruir todo en torno a ese nuevo centro: un centro que es perfecto, pero que nos remueve desde dentro. Un centro al que debemos reacomodar todo lo que somos, todo lo que sabemos sobre nosotros mismos y sobre el resto. Un reacomodo al que no todos pueden seguirle el ritmo.

La película logra un equilibrio magistral entre lo perfecto y lo desafiante de la maternidad; entre lo inspirador y lo agotador, lo gratificante y lo demandante, y la renuncia en su máxima expresión. Hay que renunciar por completo a todo para volver a encontrarlo de una nueva forma, y resistir el camino intermedio. Y cuando debemos resistir en soledad, las cosas a nuestro alrededor se van muriendo. ¿Quiénes somos cuando ya no somos nuestro trabajo? ¿Quiénes somos cuando ya no somos la pareja deseada e interesante? ¿Quiénes somos cuando somos el mundo de alguien que solo nos necesita a nosotros? Se es simplemente eso, y el resto se va descubriendo en el camino. Pero el camino es cuesta arriba, y pide un precio.

La película habla sobre la maternidad, pero también sobre la identidad, la soledad y el amor. La calidad de madre del personaje no es realmente el punto en cuestión, sino el cómo se vive esa maternidad cuando parece que el mundo a su alrededor está constantemente en llamas. Sin embargo, creo que esta cinta no está necesariamente dirigida a quienes han vivido la maternidad en primera persona, sino a quienes hemos estado en contacto con ella, que pienso somos todos, de alguna u otra forma.

Grace, el personaje de Lawrence se pierde y se encuentra constantemente: se encuentra cuando es todo para esta nueva persona, y se pierde cuando intenta saber qué había antes, qué vendrá después. Se pierde cuando intenta hallarse en lo que conocía, pues solo le queda construir algo nuevo, y lamentablemente avanza a un ritmo distinto al de todos a su alrededor. Su actuación es increíble y emocionante; remueve hasta lo más profundo, porque interpreta a la perfección cómo se cruzan los límites del amor y la cordura, del deber y del querer. Por su parte, Robert Pattinson da vida a Jackson, un hombre que se devela poco a poco como alguien que solo gira en círculos, sin siquiera mirar al frente o estirar los brazos para tocar lo que lo rodea. Que pareciera solo echarle leña a un fuego que pide a gritos ser extinguido, pero que elige ignorar el cambio, cerrando los ojos deseando que se deshaga. Pero el fuego no es polvo que se esconde bajo la alfombra, porque tarde o temprano termina por consumirlo todo. 

La cinematografía acompaña este viaje salvaje, doliente, psicológico y psicótico de una forma extraordinaria. Estamos en la realidad, pero también en los ojos de esa persona que ama profundamente ese nuevo ser humano, pero que se siente perdida en este tránsito en el que tiene que abandonar todo para ganar ese nuevo mundo. Y renunciar siempre es una decisión atrevida y difícil. Pero también es un nuevo comienzo.

La cinta es un texto increíblemente adaptado, y la directora logra integrar todos los elementos para volverlos agudos, sobreponerlos unos sobre otros hasta llevarnos a esa cima de la que solo se puede caer en picada. Una película que hurga en uno de los temas centrales de la vida y de la construcción de la sociedad; una forma cruda y aguda de ponernos en contacto con algo que debería remecernos a todos. Una película increíble, de esas que hacen que nos cuestionemos la vida, la realidad y las desiciones. 

Una recomendación definitiva, que tiene el camino asegurado a la temporada de premios. En cines gracias a Bf Distribuition. 

Trigger warning con spoiler: aparece la muerte de un perro doméstico (no en primer plano, pero gráficamente), para quienes puedan ser sensibles a ello.

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