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Emerald Fennell (Promising Young Woman) ha destacado por realizar trabajos con guiones atrevidos, agudos y punzantes, que agitan e incomodan. Su debut cinematográfico sobresalió incluso hasta llegar a los Oscar, y continuó con una cinta que parecía respaldar que estábamos ante un talento al que había que seguir de cerca.
“Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights) parecía ser un excelente material para poner a prueba los temas de los que disfruta hablar, como la diferencia de clases y las obsesiones malsanas. En su interpretación intenta tomar ese ángulo provocador que ya la caracteriza… y que cultivó desde los primeros adelantos, enojando a muchos de los seguidores más fieles de la obra, al agregarle un lado B mucho más pasional que lo descrito en el libro. O al menos, eso intentó.
Sinopsis: Una imaginación audaz y original de una de las historias de amor más grandes de todos los tiempos, “Cumbres Borrascosas” de Emerald Fennell está protagonizada por Margot Robbie como Cathy y Jacob Elordi como Heathcliff, cuya pasión prohibida se transforma de romántica a intoxicante en un épico relato de deseo, amor y locura.
El principal problema con su abordaje estimulante pareciera ser su finalidad: todo parece un enorme desplante de visuales, actitudes y emociones que caen en un pozo sin fondo, que carece de un sentido final más allá del propio desplante. Incluso, si aceptamos separarnos del libro y entregarnos a la visión de la directora, sus motivaciones avanzan en direcciones tan desiguales que se pierden en un mar confuso e inquieto. El énfasis en el amor imposible desplaza y diluye la crítica a la estructura de clases y los demás conflictos que la adaptación pretende explorar.
El trabajo de diseño de producción de Suzie Davies y del director de fotografía Linus Sandgren resulta impactante, empapado de colores vibrantes y contrastes, creando un ambiente más surrealista que una recreación histórica de la época.

En lo que respecta a las actuaciones de Jacob Elordi (Euphoria) y Margot Robbie (Barbie), éstas parecen disonantes con la propuesta, con una fuerza insuficiente frente a la gran exhibición de escenarios y vestuario que posee la cinta.
Muchos de los personajes y argumentos se modifican para acomodarse a esta adaptación, pero, nuevamente, sin un desarrollo que justifique dichos cambios. Los protagonistas son los únicos que importan. La furia, el dolor, la traición y el egoísmo desaparecen, representados mediante llanto y gritos que carecen de construcción y sustento. Y, aunque muchos de los diálogos de la obra son conservados, su reinterpretación les quita el valor que deberían tener.

Por su parte, los personajes secundarios parecen un cuadro más de la casa, al que se le quita todo el peso del impacto de las acciones de ambos protagonistas, pues su daño aparece solo superficialmente. Así, actuaciones sumamente llamativas como la de Alison Oliver (Saltburn), interpretando a Isabella, son totalmente desperdiciadas.
“Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights) de Fennell tampoco es una “aventura spicy”. Propone una lectura en la que el deseo funciona como símbolo de poder y el sexo opera como metáfora de dominación y trascendencia; alcanzar la cima se asocia, simbólicamente, con la aniquilación. El erotismo domina la pantalla, no siempre explícito, pero siempre gráfico, y se convierte en el eje visual del relato. No obstante, el problema es que la película confunde intensidad con profundidad: los símbolos se subrayan hasta volverse obvios o se dispersan entre estímulos que compiten entre sí, restándoles fuerza en lugar de potenciarla.

En fin, Fennell se apropia de “Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights) y nos presenta una versión muy propia de su imaginario: innovadora, pop e impactante visualmente, que pretende actualizar los conflictos de la historia original pero que, esta vez, se queda corta al intentar alcanzar el alma del espectador. Un ejercicio creativo que siempre será valorado (sobre todo viniendo de mujeres talentosas como Fennell), pero al que le sobra apariencia y le falta presencia, y cuyos resultados no parecen compensar el precio de los riesgos asumidos.













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