[Reseña] “Scarlet”: Épica y fantasía de la mano de Mamoru Hosoda

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“Scarlet”, la nueva película del aclamado director Mamoru Hosoda (Belle), llega a la gran pantalla, y Chile es uno de los pocos países de Latinoamérica con la fortuna de celebrar su estreno.

El cineasta, anteriormente nominado al Premio Óscar a Mejor Película Animada por Mirai (2018), regresa con una propuesta que recuerda en ciertos aspectos a Belle, su obra anterior, aunque esta vez toma inspiración directa de Hamlet, de William Shakespeare, para relatar la historia de Scarlet: una princesa cuyo padre es asesinado y que centra su vida en la idea de vengarlo.

Sinopsis: En un reino de muertos y locura, la Princesa Scarlet debe vengarse de su enemigo y llegar al «Lugar Sin Fin» antes de desvanecerse en la nada. ¿Podrá sobrevivir a su interminable viaje?

Hosoda añade un marcado tono onírico a la historia al situarla en un plano más allá de la vida, un territorio que Scarlet debe recorrer en busca de alcanzar su objetivo, aunque, sin notarlo, este irá transformándose poco a poco durante su travesía.

La animación, sin duda, destaca, sobre todo en algunas secuencias con un fuerte uso de un estilo CGI que aportan una sensación de dinamismo y escala a la cinta. Hacia el final, sin embargo, el estilo se inclina más hacia una estética cercana a la animación tradicional, lo que refuerza el impacto emocional del cierre del viaje de los personajes más que el espectáculo visual.

El guion no destaca especialmente por su originalidad, ya que funciona como una reinterpretación relativamente directa de la obra que lo inspira, con algunos elementos de otras tradiciones literarias y fantásticas que buscan añadir épica a la narrativa. Aun así, la película posee una fuerte carga moral: resulta evidente la intención del director de subrayar un mensaje contra los conflictos bélicos y de reivindicar el perdón como una vía hacia la redención. A diferencia de obras más íntimas como “Los Niños Lobo”, aquí Hosoda apuesta por un relato más épico y simbólico.

Para Hosoda, un mundo atrapado en ciclos constantes de violencia no podría ser otro que una suerte de inframundo, y parece sugerir que solo existe una forma de alcanzar el anhelado más allá. Y aunque no todos vivamos el viaje de Scarlet, sí podríamos preguntarnos, al igual que ella, en qué decidimos poner nuestras energías; reevaluar nuestros objetivos y practicar más la empatía para poder, finalmente, vivir en paz.

Quizás a la película le falte algo más de fuerza en el desarrollo de sus personajes, o tal vez su resolución no termina de cerrar del todo desde una sensibilidad más occidental. Aun así, recupera varias de las virtudes que han definido la filmografía de Hosoda: una animación de gran calidad y una mezcla de fantasía y humanidad con la que el director ya ha logrado conquistar al público en más de una ocasión. Una excelente oportunidad de ver animación en la gran pantalla.

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