[Reseña] “Sirāt: Trance en el Desierto”: Una experiencia sensorial y contemplativa

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Ya se encuentra disponible en los cines de Chile: “Sirāt: Trance en el Desierto” (Sirāt), la nueva película del cineasta Óliver Laxe (Lo Que Arde), que ha generado gran atención tras su paso por festivales internacionales, su reciente premiación en Cannes y, más recientemente, sus dos nominaciones a los Premios Oscar 2026 en las categorías de Mejor Sonido y Mejor Película Internacional. A primera vista, se trata de una obra que se aleja de las fórmulas tradicionales del cine narrativo para proponerse como una experiencia sensorial y contemplativa, explorando los límites entre la realidad, la música y el trance.

Sinopsis: En el vasto desierto de Marruecos, un padre y su hijo emprenden un viaje intenso y emocional tras la desaparición de su hija en fiestas rave clandestinas. Lo que comienza como una búsqueda se transforma en un recorrido físico y espiritual a través de paisajes extremos, sonidos hipnóticos y situaciones que rozan lo místico.

La propuesta de Laxe no es convencional. “Sirāt: Trance en el Desierto” apuesta por un cine más sensorial que lineal, apoyándose con fuerza en su estética visual y sonora. Filmada con una paleta de tonos terrosos, la película transmite la inmensidad del desierto, y, combinada con una banda sonora electrónica envolvente, sumerge al espectador en un ritmo propio, muy distante del cine comercial. La música no solo acompaña: guía el pulso emocional del relato, transformando cada escena en una tensión constante entre sonido, silencio y movimiento.

En términos de guion, la película evita explicaciones evidentes y se concentra en transmitir sensaciones y estados de ánimo. Esto puede percibirse como una fortaleza o una debilidad, dependiendo del espectador, pero sin duda es uno de sus pilares más sólidos, ya que potencia su propuesta sensitiva. Quienes busquen una narrativa tradicional podrían sentirse desorientados por la ausencia de un desarrollo clásico de personajes y conflictos; sin embargo, quienes estén dispuestos a dejarse llevar por las imágenes, la música y la contemplación encontrarán un viaje profundamente envolvente.

Visualmente, “Sirāt: Trance en el Desierto” es impactante e imponente. Las tomas del desierto, los planos prolongados y la integración de la música electrónica con la imagen generan momentos de auténtico trance cinematográfico. No hay clímax narrativos típicos, sino olas de experiencia sensorial que fluyen con naturalidad, invitando más a sentir que a interpretar. El trabajo técnico en fotografía, sonido y montaje —reconocido también por la Academia— es otro de los grandes pilares de la película, y por sí solo justifica verla en pantalla grande.

En definitiva, “Sirāt: Trance en el Desierto” es una obra que desafía expectativas. No ofrece una historia tradicional de principio a fin, pero sí entrega una experiencia cinematográfica única, donde el ritmo, el paisaje y la música se entrelazan para provocar sensaciones que perduran más allá de la sala. No es una película para todos los gustos, pero para quienes se animen a experimentar y sumergirse en su pulso hipnótico, es una propuesta valiosa, artística y memorable.

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