[Reseña] «La maquina» : El gran momento de Dwayne Johnson

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Es imposible no tener expectativas frente a esta cinta, ampliamente anunciada como aquella que podría llevar a Dwayne Johnson a las nominaciones de los premios Oscar. Además, marca el debut en solitario del director Benny Safdie, cuyo trabajo anterior (Uncut Gems, 2019, y Good Time, 2017) fue ampliamente reconocido, aunque siempre realizado junto a su hermano, Joshua.

Sinopsis: “The Smashing Machine” narra la vida de Mark Kerr, una leyenda de las artes marciales mixtas y campeón de la UFC, cuya ferocidad en el octágono contrasta con las batallas personales que enfrenta fuera del ring. Un retrato poderoso sobre la gloria, la adicción, y el precio de ser el mejor.

El origen del MMA es incierto y se remonta a distintos lugares y momentos de la historia, aunque se coincide en que nació con la intención de demostrar qué disciplina de lucha era más efectiva. Sin embargo, lo más difundido es que terminó consolidando su camino profesional gracias a la UFC y a figuras como Mark Kerr, protagonista de esta historia y pionero en dicho recorrido.

Safdie intenta retratar el lado más humano de este personaje: las luchas personales detrás de los grandes desafíos que implicaba ser una estrella no solo en Estados Unidos, sino también en Japón, potencia mundial del MMA.

Dwayne Johnson está increíble en este papel. Asume el desafío de interpretar a un personaje de presencia imponente, pero de personalidad más silente, que debe resistirse a dejarse encandilar por el éxito mientras lucha por alcanzar sus metas en un entorno desconocido y a veces hostil. Debe crecer y prosperar lejos de la seguridad de su hogar, en un país donde debe adaptarse al idioma y a las costumbres, y donde siempre será un foráneo.

El personaje se mantiene enfocado en cumplir sus objetivos pese a los desafíos de la distancia, los conflictos personales y el constante fantasma de la adicción. Johnson nos entrega una actuación profundamente emocional, aceptando el peso dramático de la historia y mostrando una faceta que rara vez habíamos visto en él. A todo esto se suma la notable transformación física a la que se sometió para encarnar al luchador.

Por su parte, en una de las caídas más notorias de la cinta, el papel de Emily Blunt queda algo enterrado en la caricatura. Nuevamente aparece la dificultad de retratar a las mujeres en el cine, especialmente cuando se trata de personajes que acompañan a un protagonista masculino fuerte. Su participación se reduce a un conjunto de imágenes estereotipadas, a la figura de la pareja femenina “indeseable” o “inestable”, cuando en realidad existen muchos más matices entre el blanco y el negro.

Un personaje que sin duda destaca es el de Ryan Bader en la piel de Mark Coleman, quien se roba el foco por momentos. El amigo de Kerr brilla tanto como luchador como en su rol de apoyo incondicional, ayudando al protagonista a reencontrar su rumbo en un ambiente tan exigente. Sin duda, uno de los personajes más carismáticos del elenco, que compite codo a codo con Kerr por el protagonismo.

La estética de la cinta es muy atractiva, y la forma en que nos inserta en el universo del MMA resulta efectiva, aunque le falta algo de la épica característica de este tipo de películas. Las escenas de pelea, sin embargo, están muy bien logradas, incluso si resultan menos cinematográficas que otros momentos; probablemente porque la mayoría de quienes interpretan a los peleadores lo son o lo fueron en la vida real (Ryan Bader, Bas Rutten, Oleksandr Usyk, Satoshi Ishii, Roberto Abreu, entre otros).

A la historia le faltaron aristas por desarrollar: elementos que otorgaran mayor profundidad y relevancia a los sacrificios del protagonista, complejidad a las relaciones y un sentido más sólido al mensaje final. Será el espectador quien decida si dejarse llevar más por sus aciertos o por sus caídas, como el mismísimo Mark Kerr.

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