[Reseña] “Marty Supremo”: Un juego increíble y frenético

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Si te gusta el cine, el tenis de mesa o Timothée Chalamet, probablemente estabas esperando el estreno de “Marty Supremo” (Marty Supreme). La cinta ha dado mucho de qué hablar, especialmente por lo que ha ocurrido con ella fuera de las salas.

Con un protagonista que ha construido una sólida carrera y que ha anunciado estar en camino a convertirse en uno de los mejores (dando que hablar a más de alguno) y una agresiva campaña de marketing reconocida y criticada en partes iguales, el ruido en torno a la película podría hacerte dudar de su mérito per se. Sin embargo, una vez que las luces de la sala se vuelven a encender, todo parece cobrar sentido y las críticas se empequeñecen frente a los cientos de virtudes de la cinta.

Sinopsis: Ambientada en el vibrante mundo del tenis de mesa de los años 50, Marty Supreme sigue a Marty Mauser (Timothée Chalamet), un joven soñador decidido a ganarse el respeto en un deporte que nadie toma en serio. Inspirada en el espíritu del legendario jugador de ping-pong Marty Reisman, la película narra el descenso de Marty hacia la obsesión, las apuestas y la redención, mientras arriesga todo para transformar su improbable pasión en grandeza.

Marty vive en un círculo vicioso del que se rehúsa a salir, bajo la idea de que la recompensa está a la vuelta de la esquina, de que cada caída no es más que el último paso antes de su gran victoria. Y no se trata de un anhelo o un sueño: es un plan (evidentemente sin forma)  cuyo objetivo está cada vez más cerca de convertirse en realidad.

La ambición, la astucia y la arrogancia son los motores de este personaje, brillantemente equilibrado con la narrativa, de modo que no podemos quererlo u odiarlo de manera permanente, sino simplemente seguirlo a través de esta frenética aventura.

El ritmo de la película es increíble: apenas te acomodas en el asiento, la cinta te sacude con una desventura tras otra y, a medida que avanza, nos presenta a un Marty cada vez más desmedido, descontrolado y compulsivo frente a una meta que se percibe cada vez menos merecedora de tanto sacrificio.

La película se siente ligera y ágil a lo largo de sus 150 minutos de duración, no porque carezca de una construcción sólida y llena de detalles que podrían dar para horas de discusión, sino porque, para el propio protagonista, nada parece tan serio o importante como el tenis de mesa.

Chalamet logra una personificación increíble, que sigue el ritmo y muta constantemente, dejando ver las mil caras que puede esconder, transformándose en este personaje cuyo  único fin es alcanzar la meta que se ha fijado, ignorando todo lo que ocurre a su alrededor.

Esta inspiración tremendamente libre en la historia del jugador Marty Reisman demuestra lo que una buena idea, de la mano de una mente brillante como la de Josh Safdie, puede llegar a alcanzar. Lejos de las limitaciones morales y creativas de los biopics tradicionales que buscan ser una carta de agradecimiento y validación de sus protagonistas, “Marty Supremo” (Marty Supreme), exenta de esta responsabilidad, es una inyección de energía que mantiene a su personaje humano, ambicioso, derrotado y real.

Un trabajo ingenioso que combina imágenes y música poco acordes con la época, pero que calzan a la perfección con el compás de la película y su historia. Una obra tan atractiva y entretenida como una producción taquillera, pero con todos los riesgos y el ingenio propios de la productora A24. Una recomendación rotunda para cualquiera que quiera pasar un rato increíble en el cine.

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