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Arturo Godoy fue (y continúa siendo) una de las figuras más importantes del boxeo nacional. Con una historia marcada por la superación y los éxitos sin precedentes, construyó una carrera que lo llevó incluso a Hollywood. Es por eso que el director Rodrigo Sepúlveda, inspirado en el libro Muriendo por la dulce patria mía, de Roberto Castillo, decidió tomar esta historia y plasmarla en El Rey del Ring.
Sinopsis: Rodrigo Sepúlveda (Tengo Miedo Torero) dirige la historia ambientada en los años 40’s, cuando Arturo Godoy (Marko Zaror) y Leda Urbinati (Fiorella Bottaioli) llegan a Nueva York en busca del sueño americano. Él, campeón sudamericano de boxeo, persigue el título mundial frente a Joe Louis (interpretado por el ex campeón de la UFC, Uriah Hall), el mejor peso pesado de la historia. Ella, una talentosa bailarina, sueña con triunfar en Broadway.
La pasión por el baile y sueños compartidos unen a Arturo y Leda y se enamoran. A sus vidas llega Gabriel Meredith (Benjamín Vicuña), un encantador buscavidas que, con astucia y determinación, impulsa sus carreras. Arturo concreta la pelea de su vida, mientras Leda alcanza la fama en los escenarios. Pero los sentimientos que comienzan a surgir entre Gabriel y Leda amenazan con destruir su relación, sus carreras y los sueños que con tanto esfuerzo han construido.
Sepúlveda nos entrega un filme que aprovecha al máximo la ilusión del cine: luces, escenarios, cambios de cámara y de velocidad en las tomas, todo para hacer de esta historia un espectáculo que nos transporta a una década pasada, hipnotizados por su magia. Porque así, tal cual, lo imaginaríamos en nuestra mente si nos contaran la grandiosa historia del “boxeador bailarín” que triunfó en Estados Unidos y fue considerado el mejor de nuestro país en dicho deporte.

La cinta logra que el espectador conecte de inmediato con el cuarteto de personajes principales. Se percibe una vibra de familia, y desde ahí nos entregamos por completo a la historia, como si nos estuvieran contando la gran hazaña del amigo de un amigo. La intimidad del grupo se extiende a quienes estamos al otro lado de la pantalla, y nos volvemos testigos de una historia asombrosa, casi personal. Es un homenaje perfecto a un personaje quizás no tan conocido para quienes no están estrechamente relacionados con el boxeo.

Aunque el protagonista evidente es Godoy, interpretado por Marko Zaror, todos los personajes brillan con luz propia. Zaror nos entrega no solo su característico desplante físico, sino también una esencia recatada, decidida y perseverante. Es una historia que destaca por la constancia, la ambición y la creencia en la propia capacidad de alcanzar los sueños, incluso lejos de casa y arriesgándolo todo.
Por su parte, Fiorella Bottaioli, en el rol de Leda, es una coprotagonista llena de magnetismo y magia, que, con su personalidad argentina y su talento para el baile, enamora a cada persona con la que se cruza. Imposible dejar de mencionar a Bowey, interpretado por Jaime McManus: el entrenador que, con entrega y generosidad, llevó al iquiqueño a convertirse en el boxeador más grande de Chile. Incluso Benjamín Vicuña, quien da vida a Gabriel Meredith, brilla en su papel de narrador y compañero del boxeador, aportando una cercanía y un humor clave para el relato.

Cada personaje posee un carisma tal (tanto en su construcción como en su interpretación) que adquiere un peso en escena notable, y es abordado desde sus virtudes y bondades. Así, logran construir su lugar en la cinta con pocos detalles personales, pero con gran fuerza, sin que importen sus errores.
Se retrata el boxeo con cariño, destacando muchos detalles especiales para quienes disfrutan de este deporte, pero también transmitiendo una emoción genuina que incluso un espectador ocasional puede sentir. Las escenas de pelea están excelentemente coreografiadas, y la emoción es palpable, aunque el final ya esté anunciado. Terminas al borde del asiento y con unas incontenibles ganas de aplaudir. Al mismo tiempo, se honra con creces a este deportista ejemplar, cumpliendo con difundir su nombre y su hazaña a quienes aún desconocen su historia: una con mérito, romance, emoción y encanto.

Al desarrollarse gran parte de la historia en Estados Unidos, la película incluyó varios fragmentos en inglés, pero muy bien elegidos para aportar al contexto de la película y no simplemente por estar, insertándose de manera muy natural y contribuyendo a la calidad de producción del largometraje, destacando su nivel internacional.
Las producciones chilenas están demostrando, una y otra vez, que no solo merecen la oportunidad, sino también la atención y el reconocimiento de los espectadores nacionales y, por qué no, también internacionales. Así que no me queda más que invitarlos a las salas de cine (especialmente el fin de semana de estreno) a disfrutar de esta historia llena de emoción y lucha. En salas gracias a Cinecolor Films Chile.













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