[Reseña] «Araña»: Las inevitables redes del pasado

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Andrés Wood («Machuca»; «Violeta se fue a los cielos») es uno de los directores chilenos más reconocidos de hoy en día, especialmente porque sus películas destacan por la calidad de sus historias y su cinematografía profesional. Si bien, en los últimos años el cineasta se ha dedicado al trabajo televisivo («Ecos del desierto»; «Ramona»), ahora vuelve nuevamente a la pantalla grande con «Araña«, un thriller político con un gran reparto en frente de cámara. ¿Es este el merecido regreso que se esperaba de Wood?

Sinopsis: La atractiva y carismática Inés (María Valverde), su marido Justo (Gabriel Urzúa), y el mejor amigo de ambos, Gerardo (Pedro Fontaine), forman parte de un grupo de oposición en el caótico Chile de inicios de los 70’s. Juntos cometen un crimen político que cambia la historia del país y de paso los envuelve en una traición que los separa para siempre. Cuarenta años después, Gerardo (Marcelo Alonso) reaparece públicamente cuando la policía lo sorprende con un arsenal de guerra en su modesta casa. No sólo la venganza amorosa lo inspira, sino que también su obsesión política de juventud. Inés (Mercedes Morán), hoy una poderosa e influyente empresaria, hará lo que esté en sus manos para que Gerardo no divulgue su pasado ni el de su marido (Felipe Armas). Atrás quedaron los tiempos de esa pasión sin límites, pero aunque lo intenten, no podrán borrar la marca de aquello que los unió.

En rigor, «Araña» es una película que -en la misma línea que las otras películas de Wood- funciona bien en todos sus aspectos. La historia es intrigante, las actuaciones son impecables, la cinematografía está muy bien lograda, y la ambientación de época es entrañable por su gran nivel de detalle.

El reparto resalta con todos sus personajes, pero ciertamente los mejores aciertos son las interpretaciones en tiempo presente de Inés y Gerardo, interpretados por Mercedes Morán («Neruda»; «El Ángel») y Marcelo Alonso («El Club»; «Prófugos»). Ambos artistas actúan de forma memorable e imponente, con personajes complejos, implacables y misteriosos, que a pesar de sus macabros ideales, no dejan de estar bien caracterizados por las historias que los preceden, y en el caso de Inés, el rol de Morán se ve potenciado por la notable actuación de María Valverde («Tres metros sobre el cielo»; «Tengo ganas de ti») como la versión joven del personaje.

La producción de Alejandra García destaca muy bien cuando se trata de ambientación, ya que dado que la mitad de la cinta transcurre en el Chile de los años 70′, el nivel de detalle en cada escenario y pieza de vestuario es sumamente destacable, siendo tan preciso y minucioso que, sin problemas transporta al espectador a la época.

El gran problema de la cinta cae en el desenlace de su historia, el cual resulta bastante abrupto y anticlimático en contraste con las grandes ideas y conceptos que yacen detrás de ella. «Araña» es, más que un mero thriller político, una alegoría sobre el poder que una creencia puede tener en un hombre, y las consecuencias que tiene el darle a alguien algo en lo qué creer, cuando esto yace en un extremo de algún espectro (en este caso político).

El personaje de Gerardo parte como un hombre volátil sin rumbo, que eventualmente se ve moldeado (psicológica y emocionalmente) por el idealismo extremista de Inés, tanto así, que cuarenta años después, sus acciones le vienen a pasar la cuenta. Si bien esto está bien logrado, la decepción está en que la resolución de este conflicto es bastante pobre, y si bien busca reflejar una realidad cruda, realista y crítica, personalmente creo que pudo haber una forma más «sabrosa» de haberlo logrado.

Dentro de todo, «Araña» es una cinta que hace justicia a la filmografía que precede a su director. Una historia atrapante con tremendas actuaciones y muy buena producción, que a pesar de sus fallas, no deja de ser una experiencia entretenida de vivir en el cine, y que a más de alguno lo dejará pensando sobre la poderosa esencia que yace en su narrativa.

Journalist by day, Nightcrawler by night, Cinephile always. It's never too early or too late to watch a movie...or to have pizza...or both. Long live the 90's generation!

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