[Reseña] Parásitos: El mundo vive en el sótano

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«Parasite» ha sido catalogada como «la película del año» por el New York Times, calificativo que ha sido reforzado por la crítica internacional, sus múltiples nominaciones y premiaciones en diversos festivales a lo largo del globo. Una cinta inusual, refrescante, meticulosa y mesurada, con un gran amor por los detalles y por la historia que planea contar, que finalmente llega a Chile gracias a Warner Bros Pictures Chile. 

Sinopsis: La familia de Ki-Taek (Song) es formada por cuatro miembros, todos ellos muy cercanos, pero también totalmente desempleados, por lo que su futuro se ve poco prometedor. El hijo Ki-woo (Choi) es recomendado por su amigo, un estudiante de una prestigiosa universidad, para un trabajo bien pagado como tutor de inglés, lo que da una esperanza de recibir ingresos regularmente. Cargando todas las expectativas de su familia, Ki-woo se dirige a su entrevista. Al llegar conoce a Yeon-kyo (Cho), la hermosa esposa del señor Park (Lee), dueño de una firma internacional de IT. Pero a partir de que estas dos familias se conocen, una cadena de contratiempos está a punto de comenzar.

¿Cómo empezar a describir una película como Parasite? Alabada por todos, tan fuera de lo común, tan detallista, tan sorprendente, tan dura, real e improbable al mismo tiempo.

En la historia, vemos como una familia enmarcada por la pobreza, de pronto ve una oportunidad que les permite huir de dicha realidad, oportunidad que poco a poco van moldeando hasta convertirla en un monstruo sin control. De una génesis muy simple, pero abordada con maestría, vemos como esta historia va tejiendo sucesos tan provocados como casuales hasta situarnos en un escenario en donde la realidad adquiere un borroso margen. A mi parecer, sería injusto enmarcarla en un género, porque su director se pasea tan magistralmente por todas las emociones que componen la vida, abarcando la comedia, el drama, el suspenso y hasta el terror, que cabe en todas.

Sin dejar de contarnos esta irrisoria historia de cómo la familia Kim va tomando las riendas de su destino, la cinta comienza a forjar un fuerte mensaje sobre la inamovibilidad de clases sociales, la crudeza de la pobreza, la injusticia y la discriminación, presentada de una forma a veces sutil y tangible, otras estridente y dolorosa.

Pese a que a algunos les pueda causar duda sentarse frente a una película coreana, déjenme decir que el contexto no es ajeno, pues la desigualdad y las clases sociales son una barrera que cruza gran parte de los países alrededor del mundo, y una realidad con las que nos podemos relacionar hoy más que nunca.

Llena de contrastes en el desarrollo de la historia que acentúan la distancia entre una y otra familia, o entre los distintos personajes que se enfrentan, la película ofrece  múltiples lecturas que se van revelando poco a poco, además de significativos detalles que marcan la diferencia, demostrando que es fácil ser gentil cuando se tiene todo, que es difícil deshacerse de la indolencia cuando la necesidad es invisible y que se necesita algo más que habilidad y esfuerzo para alcanzar lo que nos proponemos.

Es importante mencionar que todos los elementos de la cinta confluyen a reforzar esa diferencia de clases que los enmarca, con un diseño de producción impresionante en donde la altura y las luces se manifiestan constantemente como la representación gráfica de la distancia social que marca la historia. Hay tantos detalles en los que ahondar; la lluvia, los aromas, la comida, la roca de la fortuna (solo por mencionar algunos), que no estará de sobra ver la cinta más de una vez.

Finalmente, de pronto el peso de la realidad cae con todo sobre esta familia, llevándonos a la parte mas cruda, dolorosa y terrorífica de la historia. Haciéndonos dudar de a quién realmente se refirió el director con el título de la cinta, nos enfrentamos a un cambio radical, convenciéndonos tristemente que la mayoría de las veces los sueños no se cumplen, las cadenas no se rompen y hay poco de nuestro destino que podamos realmente controlar, llegamos a un punto que más que pesimista, aparece sincero y crítico.

Una recomendación absoluta, cuyo título de «mejor del año» merece ser reforzado de aquí hasta que se deje de hablar de ella.

Barbara Myhew
26 aunque no me creas. Inquieta y perfeccionista. El tiempo es poco, la vida mucha, pero de alguna forma nos las arreglamos. En redes como @barbaramyhew

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