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Ya está disponible en los cines de Chile: “Moana”, la esperada adaptación live-action del clásico animado de Disney. La película nos vuelve a llevar al océano para acompañar a la valiente Moana en la misión de devolver el corazón de Te Fiti y salvar a su pueblo, en una aventura que mezcla espectaculares paisajes, música, humor y mucha emoción. Diez años después del estreno de la cinta original, esta nueva versión busca revivir la misma historia que conquistó a millones de personas, ahora con actores reales y un enfoque que apuesta por mantenerse fiel al material que la inspiró.
Sinopsis: En la adaptación en acción real de Disney de la querida aventura animada nominada al Óscar®, Moana (Catherine Lagaʻaia) responde a la llamada del océano y, por primera vez, viaja más allá del arrecife de su isla de Motunui con el infame semidiós Maui (Dwayne Johnson) en un viaje inolvidable para devolver la prosperidad a su pueblo.
Hay películas que uno recuerda con mucho cariño, y en mi caso “Moana” (2016) es una de ellas. Desde que se estrenó hace diez años se convirtió en una de mis favoritas de Disney. Siempre sentí que, en su momento, no recibió todo el reconocimiento que merecía, pero con el paso de los años fue conquistando a cada vez más personas hasta transformarse en una de esas cintas que quedaron grabadas en la memoria del público. Su historia, sus personajes y su música siguen funcionando igual de bien, incluso una década después.
Por eso tenía muchas expectativas con su versión live-action, y puedo decir que terminó siendo exactamente lo que esperaba. Para mí, esto es lo que debería ser un live-action: tomar una película que ya funciona y trasladarla al formato de acción real respetando su esencia. “Moana” no busca reinventar la historia ni sorprender con cambios innecesarios; al contrario, apuesta por ser extremadamente fiel a la obra original, y eso fue precisamente lo que más disfruté.

La película replica una enorme cantidad de escenas y diálogos casi plano por plano. Hay momentos, chistes y secuencias que son prácticamente idénticos a la versión animada, pero lejos de sentirse repetitivo, resulta muy entretenido ver cómo cobran vida con actores reales y escenarios naturales. Es una historia que se presta perfectamente para este formato, y creo que Disney supo aprovecharlo muy bien.
Sé que habrá quienes critiquen justamente esa falta de riesgos, argumentando que un live-action debería ofrecer algo distinto. En lo personal, no comparto esa idea. Si voy a ver una adaptación de una película que me encanta, lo que espero es volver a vivir esa misma experiencia con otro lenguaje visual. De hecho, hace poco ocurrió lo contrario con “Lilo & Stitch” (2025), una película que introdujo varios cambios importantes respecto a la original. Aunque a muchas personas les gustaron, yo me quedé con la sensación de que habría disfrutado mucho más una adaptación que respetara la historia tal como la conocíamos.

También existen ejemplos como “El Rey León” (2019), que siguió muy de cerca el material original, pero que en el camino perdió parte de la personalidad y la magia que transmitía la animación. Con “Moana” ocurre exactamente lo contrario. La esencia permanece intacta de principio a fin. El respeto por la cultura polinésica sigue siendo uno de los pilares de la película, y eso se siente en cada escenario, en la música y en la forma en que se construyen los personajes.
Gran parte de ese mérito recae en Catherine Lagaʻaia, quien realiza un trabajo realmente sobresaliente como Moana. Consigue capturar la misma determinación, ternura y carisma que hicieron tan querido al personaje original, pero al mismo tiempo le entrega su propia personalidad. Desde su primera aparición logra transmitir la esencia de Moana, haciendo que el personaje se sienta tan cercano y auténtico como en la versión animada

El caso de Dwayne Johnson (Red One) como Maui me dejó sensaciones un poco más divididas. Tiene todo el sentido que vuelva a interpretar al personaje, considerando que fue su voz en la versión animada y que Maui está inspirado, en parte, en la figura de su abuelo. Sin embargo, en acción real el resultado no termina de convencer por completo. Johnson tiene carisma, eso nadie lo discute, pero el Maui animado posee una energía muy particular que cuesta encontrar en esta versión. Por momentos se siente como si estuviera intentando replicar esa personalidad sin lograr capturarla del todo. Aun así, el cariño que el público le tiene al actor hace que ese detalle sea fácil de perdonar y nunca alcanza a empañar la experiencia.
En definitiva, “Moana” me dejó una muy buena impresión. Es una adaptación que entiende perfectamente qué es lo que muchos esperamos de un live-action: volver a disfrutar una historia que ya conocemos y queremos, pero llevada al formato de acción real con el mismo espíritu que hizo especial a la película original. Sí, replica muchas escenas casi al pie de la letra, pero para mí eso nunca fue un problema; al contrario, era justamente lo que esperaba encontrar. No todas las historias necesitan reinventarse para justificar una nueva versión, y “Moana” demuestra que ser fiel al material original también puede ser un gran acierto cuando se hace con el cuidado y el respeto que esta película transmite.













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