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Ya está disponible en los cines de Chile: “La Odisea” (The Odyssey), la nueva película de Christopher Nolan, cineasta detrás de filmes como “Batman: El Caballero de la Noche” (2008), “El Origen” (2010), “Interestelar” (2014) y “Dunkerque” (2017). En esta ocasión, Nolan adapta el legendario poema épico de Homero para contar la historia de Odiseo, el rey de Ítaca, quien, tras el fin de la Guerra de Troya, debe emprender un peligroso viaje de regreso a su hogar.
Sinopsis: Odiseo, el legendario rey de Ítaca, emprende un largo y peligroso viaje de regreso a casa tras la Guerra de Troya. A lo largo de su travesía, deberá enfrentarse a los caprichos de los dioses, criaturas mitológicas y pruebas que pondrán al límite tanto su ingenio como su humanidad.
Christopher Nolan (Oppenheimer) vuelve a demostrar por qué es uno de los cineastas más importantes de nuestra generación. “La Odisea” (The Odyssey) no solo es la película más ambiciosa de toda su carrera, sino también una experiencia cinematográfica de esas que uno sabe que va a recordar por años. Es el tipo de película que justifica por sí sola una ida al cine y que te recuerda por qué ninguna pantalla de televisión puede igualar lo que se vive en una sala.
Lo primero que recomendaría es verla en IMAX. No porque en otro formato no funcione (porque funciona igual de bien), sino porque aquí el formato realmente marca una diferencia. La fotografía es impresionante, el sonido es brutal y cada secuencia está construida para sentirse enorme. Es una de esas películas donde el audio juega un papel fundamental; cada golpe, cada ola, cada batalla y cada nota de la banda sonora hacen que la experiencia sea completamente envolvente.

Lo que más me gustó es que, pese a estar adaptando uno de los relatos más importantes de la historia, Nolan nunca deja de ser Nolan. Su sello está presente de principio a fin: la estructura no lineal, los saltos temporales, la tensión que va creciendo escena tras escena y esa capacidad que tiene para mantener al espectador completamente inmerso. Pero al mismo tiempo se siente como un director dispuesto a salir de su zona de confort, especialmente en varias secuencias que rozan el terror y que terminan siendo de las mejores de toda la película.
La historia de Odiseo siempre ha sido enorme, llena de criaturas mitológicas, dioses, monstruos, sirenas, hechiceras y batallas épicas, pero Nolan consigue que todo ese espectáculo nunca opaque el lado más humano del personaje. Al final, más que un héroe, vemos a un hombre completamente marcado por la guerra, intentando regresar a su hogar mientras carga con el peso de todas las decisiones que tomó en el pasado. Esa parte emocional está muy bien trabajada y hace que la película tenga mucho más corazón del que uno podría esperar.

Visualmente es un espectáculo. La fotografía de Hoyte van Hoytema (Dunkirk) vuelve a ser extraordinaria y Ludwig Göransson (Sinners) entrega otra banda sonora espectacular. Ambos construyen una atmósfera que prácticamente no te suelta durante las casi tres horas de película. Hay secuencias que literalmente te dejan sin aliento y otras donde la tensión se vuelve desesperante. Todo está pensado para que el viaje nunca pierda intensidad.
El reparto también está a un nivel altísimo. Si bien, Matt Damon (The Martian) sostiene gran parte del peso de la película con una interpretación muy sólida… lo mejor es que prácticamente todo el elenco está impecable. No hay actuaciones que desentonen y eso hace que la historia fluya con mucha naturalidad. A pesar de su duración, el ritmo nunca decae; de hecho, siento que mientras más avanza la película, mejor se pone. Arranca con calma para instalar todas sus piezas y, una vez que despega, no vuelve a bajar la intensidad hasta los créditos finales.

Si tuviera que definir “La Odisea” (The Odyssey) en una frase, diría que es una experiencia cinematográfica en el sentido más completo de la palabra. Es emocionante, impactante, visualmente deslumbrante y técnicamente impecable. Hacía tiempo que una película no me hacía sentir tantas cosas al mismo tiempo. Incluso hubo momentos donde la emoción era tan grande que resultaba imposible no conmoverse.
Para mí, estamos frente a la mejor película que ha hecho Christopher Nolan hasta la fecha y, sin duda, una de las mejores que he visto en los últimos años. Es una obra gigantesca, hecha para disfrutarse en pantalla grande y con el volumen al máximo. No solo es una firme candidata a convertirse en la Mejor Película de 2026, sino también una de esas experiencias que nos recuerdan por qué seguimos enamorados del cine. Salí de la sala completamente fascinado… y con ganas de volver a verla lo antes posible.













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