[Reseña] “Resident Evil: Noche Cero”: También se puede adaptar la experiencia de jugar

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Ya está disponible en los cines de Chile: “Resident Evil: Noche Cero” (Resident Evil), la nueva adaptación cinematográfica de la icónica franquicia de videojuegos. Dirigida por Zach Cregger, el aclamado cineasta detrás de “Bárbaro” (2022) y “Weapons” (2025), la cinta marca un reboot completo de la franquicia en la pantalla grande, dejando atrás las anteriores adaptaciones para ofrecer una historia inédita posicionada en el mundo de los videojuegos.

Sinopsis: En una historia completamente nueva, Resident Evil: Noche Cero sigue a Bryan (Austin Abrams), un mensajero médico que, sin saberlo, se ve envuelto en una carrera por la supervivencia llena de acción y sin tregua cuando una noche fatídica y espantosa se convierte en un caos a su alrededor.

Si hay algo difícil de conseguir cuando se adapta un videojuego al cine, es capturar aquello que hace especial la experiencia de jugarlo. No basta con poner zombis, armas, monstruos y referencias reconocibles. Y creo que justamente ahí está el gran acierto de “Resident Evil: Noche Cero” (Resident Evil). Zach Cregger (Weapons) no intenta adaptar un juego en particular ni contarnos nuevamente la historia de Leon, Claire o Jill. Lo que hace es tomar la esencia de cómo se juega un “Resident Evil” y convertirla en una película.

La película parte muy bien y rápidamente te mete en la pesadilla. Los primeros minutos son una verdadera locura y, desde ahí, el ritmo prácticamente no se detiene. El protagonista va corriendo de un punto a otro, tiene una misión, aparecen nuevos obstáculos, encuentra armas, administra recursos y, cuando parece que ya entendió lo que está pasando, la película vuelve a subir la dificultad. La tensión va en constante aumento, los obstáculos se multiplican y el ritmo nunca afloja. Es una montaña rusa que nunca deja de subir. De verdad, por momentos se siente como estar viendo las cinemáticas de un videojuego, esperando que en cualquier momento aparezca el corte y comience la siguiente sección jugable.

Y es que la estructura es probablemente lo que más disfruté. Sin entrar en spoilers, la película te lleva por un recorrido que recuerda muchísimo a la estructura clásica de “Resident Evil 2”: carretera, ciudad, alcantarillas y laboratorio. No está contando la misma historia ni está conectada directamente con los acontecimientos de los juegos, pero utiliza esa progresión de una manera que resulta tremendamente familiar para cualquier fan. Empiezas en un lugar que parece completamente normal, poco a poco todo empieza a ponerse cada vez más complicado, los espacios se vuelven más cerrados y peligrosos, y cuando llegas al laboratorio ya sientes que estás entrando en la parte final del juego. En ese sentido, Cregger entendió perfectamente cómo hacer que una película se sienta como una partida.

Y también están los pequeños detalles que hacen que uno diga “sí, esto es Resident Evil”. Las balas, la escopeta, el bolsito, los recursos limitados y esa sensación de que cada disparo importa. Si malgastas munición, después lo vas a pagar.

Eso sí, con los zombies tuve un pequeño problema. Me gustó que sean mucho más agresivos, que corran, que intenten recomponerse e incluso unirse entre ellos, porque eso hace que prácticamente nunca puedas sentirte seguro. El tema es que sentí que la película se fue demasiado rápido hacia los zombies evolucionados. Si estamos hablando de las primeras oleadas del virus, yo esperaba encontrarme con más zombies clásicos y que, a medida que avanzara la historia, fuéramos viendo cómo empiezan a aparecer cosas más extrañas. Acá pasa bastante rápido y, aunque funciona bien para aumentar la tensión, personalmente me faltó un poco más de ese zombie clásico que uno espera cuando piensa en “Resident Evil”. Puede que a otros fanáticos esto les encante justamente porque busca hacer algo distinto, pero a mí me habría gustado que esa evolución fuera un poquito más gradual.

A diferencia de las otras adaptaciones de “Resident Evil”, el protagonista no es un héroe y eso hace que, en este caso, todo funcione. Es un tipo completamente normal que tuvo la mala suerte de encontrarse en medio del apocalipsis. Austin Abrams (Weapons) está excelente y prácticamente lleva toda la película sobre sus hombros, consiguiendo que te preocupes por él, incluso cuando toma decisiones bastante tontas. Y allí hay una intención bastante clara: demostrar que, frente a una situación así, nadie está realmente preparado. No es Leon Kennedy. No es un soldado. No es alguien que sabe qué hacer. Es simplemente un humano intentando sobrevivir. La película es prácticamente un “Resident Evil” live-action donde nosotros somos el jugador y seguimos a un personaje que va aprendiendo a sobrevivir sobre la marcha.

De hecho, creo que la película tiene un doble enfoque bastante interesante porque, mientras este personaje intenta escapar físicamente del apocalipsis, también está huyendo de sus propias responsabilidades. La angustia de una vida en pareja, la idea de formar una familia, la responsabilidad de ser padre y todos esos miedos aparecen reflejados en distintos momentos de su recorrido. La casa de campo, el perro, la niña pequeña y posteriormente las alcantarillas funcionan también como manifestaciones de esos temores. No creo que sea necesario leer la película únicamente desde ahí, pero me pareció un detalle bastante interesante que le da algo más de profundidad a una historia que, en apariencia, es simplemente un tipo corriendo para que no se lo coman los zombies.

Creo que “Resident Evil: Noche Cero” funciona justamente porque no intenta ser otra cosa. No busca repetir los juegos ni llenar la película de personajes conocidos para demostrarle al fan que esto es “Resident Evil”. Adapta la jugabilidad y te entrega una película que no te suelta hasta que finaliza, tal como ocurre en los juegos.

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