[Reseña] “Wildwood: El Bosque Salvaje”: Cuando la animación vuelve a maravillarnos

Ya está disponible en los cines de Chile: “Wildwood: El Bosque Salvaje” (Wildwood), la nueva película de LAIKA, el estudio de animación stop-motion detrás de “Coraline” (2009), “Kubo and the Two Strings” (2016) y “ParaNorman” (2012). Dirigida por Travis Knight (Masters of the Universe), la película está basada en el libro homónimo de Colin Meloy e ilustrado por Carson Ellis, y nos presenta una aventura épica cargada de fantasía, oscuridad y emoción.

Sinopsis: Basada en la aclamada trilogía literaria escrita por Colin Meloy e ilustrada por Carson Ellis, “Wildwood: El Bosque Salvaje” (Wildwood) sigue a Prue McKeel, una decidida adolescente que emprende una desesperada misión luego de que su hermano menor es secuestrado por una misteriosa bandada de cuervos.

Acompañada por su torpe pero leal compañero de clase Curtis Mehlberg, Prue se interna en un extraordinario mundo oculto, habitado por animales parlantes, bandidos y poderosas figuras movidas por el dolor y la ambición. Cuando ambos quedan atrapados en un conflicto que amenaza el equilibrio del bosque, Prue deberá descubrir una fortaleza que nunca supo que poseía. Para rescatar a su hermano y proteger el frágil futuro de Wildwood, tendrá que arriesgarlo todo.

Hay películas que nos recuerdan que las cosas buenas toman tiempo, y “Wildwood: El Bosque Salvaje” (Wildwood) es una de ellas. De la mano de LAIKA, el estudio detrás de “Coraline” (2009), “Kubo and the Two Strings” (2016) y “ParaNorman” (2012), llega una aventura animada que, desde sus primeros minutos, nos invita a detenernos y maravillarnos con algo que pareciera estar quedando cada vez más relegado en las grandes producciones: el trabajo artesanal.

A través de un minucioso trabajo de animación stop-motion, la película consigue sorprender desde los pequeños detalles. En tiempos donde la digitalización, la incorporación de inteligencia artificial y los efectos visuales extravagantes parecen dominar buena parte de la industria, “Wildwood: El Bosque Salvaje” (Wildwood) apuesta por recordarnos que una gran producción no necesariamente depende de cuánto dinero se invierte, sino del cuidado, la dedicación y la creatividad que existen detrás de cada imagen. Hay algo particularmente especial en saber que cada movimiento, cada expresión y cada escenario requieren un trabajo físico y artístico que difícilmente pasa inadvertido.

Su ritmo, tranquilo pero ágil, permite que la historia avance sin demasiadas prisas, dando espacio para apreciar los múltiples elementos que construyen este universo. La ambientación, el diseño de personajes y, especialmente, su apartado musical se convierten en piezas fundamentales de una experiencia narrativa que va mucho más allá de lo que plantea su guion. El propio paisaje parece tener algo que contar, mientras sus variados personajes van sumando pequeñas historias, matices y personalidades que enriquecen constantemente el relato.

Esta aventura hacia un mundo mágico y paralelo al nuestro tiene varias aristas dignas de destacar, aunque algunas merecen quedar fuera de esta reseña para no arruinar el descubrimiento. Una de las más interesantes es la manera en que aborda una problemática tan universal como compleja: amar y aprender a dejar ir a quienes más queremos. La película desarrolla esta idea a través de diálogos cuidadosamente construidos, cargados de metáforas y significados que pueden resonar de distintas maneras tanto en niños como en adultos. Es precisamente en esa capacidad de hablarle a diferentes generaciones donde encuentra buena parte de su sensibilidad.

A medida que nos adentramos en este universo, sus personajes comienzan a revelar nuevas capas y a aportar distintas perspectivas, marcando el rumbo de una historia que poco a poco adquiere mayor profundidad. Y, aunque su apariencia pueda sugerir una aventura puramente luminosa, “Wildwood: El Bosque Salvaje” (Wildwood) no teme aproximarse a terrenos más oscuros, construyendo una atmósfera que por momentos se vuelve inquietante y que le entrega un interesante contraste a su propuesta.

No todo es necesariamente perfecto. La cantidad de personajes, acontecimientos y pequeñas historias que componen este mundo puede hacer que, en algunos momentos, el relato pierda algo de foco. Hay ideas y personajes que parecen tener mucho más que entregar, pero que no siempre encuentran el espacio suficiente para desarrollarse. Es una pequeña debilidad narrativa que se hace más evidente frente a una propuesta visual tan detallada y ambiciosa. Por momentos, pareciera que el universo construido por sus creadores tiene incluso más historias de las que la propia película alcanza a contarnos.

Aun así, cuesta no dejarse llevar por su propuesta. “Wildwood: El Bosque Salvaje” (Wildwood) es una de esas películas que aparecen de tanto en tanto y que nos recuerdan por qué la animación puede ser una experiencia cinematográfica tan rica, sensible y sorprendente. Una aventura que vale la pena disfrutar sin demasiadas expectativas, dejándose llevar por sus personajes, sus paisajes y ese particular encanto que solo el trabajo artesanal puede conseguir.

De esas películas que uno termina recomendando y que, personalmente, sé que volveré a disfrutar. Esta vez, con mi sobrina.