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Ya está disponible en los cines de Chile: “Cuerpo Celeste”, el segundo largometraje de la directora chilena Nayra Ilic García (Metro Cuadrado). La película se perfila como una de las propuestas más íntimas y conmovedoras del cine nacional este año: una historia que entrelaza memoria, adolescencia y transformación con una sensibilidad particular.
Sinopsis: En el verano de 1990, durante la transición a la democracia, una familia comienza a desmoronarse. A sus quince años, una adolescente busca su lugar en un mundo donde todo lo que conocía se desvanece.
Celeste es una joven que pasa sus vacaciones de fin de año junto a su familia en una playa cercana al desierto de Atacama. Sin embargo, un hecho inesperado irrumpe en su vida, desmorona a su madre y la transforma para siempre. Tiempo después, decide regresar a ese lugar en busca de la nostalgia, pero descubre que todo ha cambiado.
“Cuerpo Celeste” es la segunda película de la directora chilena Nayra Ilic García, quien anteriormente presentó “Metro Cuadrado” (2010), estrenada en el reconocido Palm Springs International Film Festival. En esta ocasión, la realizadora entrega un largometraje que obtuvo una mención especial del jurado en el Tribeca Film Festival y una mención honorífica en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.

La película marca el debut protagónico de Helen Mrugalski en el cine, tras participaciones secundarias en producciones como Sres. Papis (2016), La Jauría (2020) y El Presidente (2020). La acompaña Daniela Ramírez (Generación 98) en el rol de Consuelo, la madre de Celeste, junto a Néstor Cantillana (Pacto de Sangre) como Alonso, el padre. El elenco se completa con figuras como Mariana Loyola, Erto Pantoja, Nicolás Contreras, Clemente Rodríguez y Sara Becker, conformando un reparto de gran experiencia que se hace notar en pantalla.
Este punto resulta clave, ya que la película se construye desde una puesta en escena contenida: predominan los planos fijos, cuidadosamente compuestos, donde la cinética recae en los cuerpos y en las interacciones del elenco. Las actuaciones y los diálogos generan una suerte de coreografía interna que sostiene el relato.

Uno de los aspectos más logrados del filme es el uso del paisaje. La representación de este territorio desértico, cargado de belleza, se potencia gracias al trabajo de Sergio Armstrong, uno de los directores de fotografía más destacados del país, quien acompaña la mirada de Ilic para construir una identidad visual coherente y evocadora.
La historia logra conectar desde la nostalgia y la identificación, apelando a una idiosincrasia chilena reconocible: las vacaciones familiares, las noches en la playa o los primeros aprendizajes de la adolescencia. Un elemento particularmente interesante es que el relato se sitúa en los últimos años de la dictadura, algo que se sugiere de forma sutil a través de pequeños indicios, sin subrayarlo explícitamente, hasta que, en cierto punto, todo adquiere sentido.

Los padres de Celeste trabajan en arqueología, y su regreso al lugar ocurre en vísperas de un eclipse solar. Este evento funciona como un punto de convergencia simbólico: la verdad sobre el trabajo de sus padres, el cambio del país y la transformación personal de Celeste se entrelazan en un mismo proceso.
“Cuerpo Celeste” aborda múltiples aristas con un fuerte valor en la recuperación de la memoria. Su desplante técnico es sólido y cuidado, pero responde a un tempo contemplativo que privilegia la observación por sobre la acción. Esto limita el dinamismo del montaje y traslada gran parte del peso narrativo al elenco.

En ese sentido, puede resultar una experiencia exigente para quienes no están habituados al cine de festival: su ritmo pausado podría percibirse como lento. Sin embargo, para un espectador interesado en un cine más contemplativo, cercano a ciertas tradiciones europeas, la película se convierte en un material especialmente rico para el análisis y la conversación.
















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