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Ya está disponible en los cines de Chile: “El Pasajero del Diablo” (Passenger), película de terror dirigida por André Øvredal (The Last Voyage of the Demeter). La historia sigue a una joven pareja que, tras convertirse en los únicos testigos de un brutal accidente en plena carretera nocturna, comienza a ser perseguida por una aterradora presencia demoníaca que acecha a quienes viajan de noche.
Sinopsis: Después de que una joven pareja presencia un brutal accidente en la carretera, pronto se dan cuenta de que no abandonaron la escena solos. Una presencia demoníaca conocida como el Pasajero, que no se detendrá hasta reclamarlos a ambos, convierte su aventura en furgoneta en una verdadera pesadilla.
La nueva película de terror “El Pasajero del Diablo” (Passenger) llega en un momento particularmente complejo para el género. En un año donde propuestas como “Hokum: La Maldición de la Bruja” y “Obsesión” han logrado incomodar, perturbar y devolverle fuerza al horror psicológico, sorprende encontrarse con una cinta que apuesta por un camino mucho más clásico y simple. Y justamente ahí está tanto su mayor problema, como también su principal identidad.
Dirigida por André Øvredal (The Last Voyage of the Demeter), la película se aleja bastante del nivel de tensión y creatividad que nos hizo conocerlo con “The Autopsy of Jane Doe” (2016). En esta ocasión, el director entrega una experiencia muchísimo más genérica, centrada casi exclusivamente en jumpscares, apariciones repentinas y una estructura extremadamente básica. La sensación constante es que estamos viendo una película de terror muy “a la antigua”: de esas que sabes que probablemente no serán buenas, pero que aun así logran entretener durante un rato.

El problema es que “El Pasajero del Diablo” (Passenger) nunca termina de construir algo realmente memorable. La historia tiene una idea interesante de base (una entidad demoníaca que comienza a perseguirte sin detenerse una vez que te marca), pero el guion jamás logra explotar ese concepto de manera profunda. Todo queda en la superficie. Hay momentos donde pareciera que la película quiere desarrollar un terror más psicológico o incluso explorar el miedo asociado a viajar de noche y sentirse vulnerable en medio de la carretera, pero rápidamente vuelve a apoyarse en sustos fáciles y fórmulas demasiado conocidas.
Aun así, hay elementos positivos que funcionan bastante bien. La atmósfera nocturna está muy lograda. Gran parte de la película ocurre en carreteras oscuras, estaciones de servicio vacías y trayectos silenciosos donde constantemente se siente una incomodidad extraña. Esa sensación de aislamiento termina siendo, probablemente, lo mejor de toda la cinta. Existe algo inquietante en la idea de manejar durante la noche mientras sientes que algo maligno te sigue desde la oscuridad, y en ciertos momentos la película logra aprovechar muy bien ese miedo tan cotidiano.

También resulta interesante cómo el terror se construye más desde la paranoia que desde la brutalidad. No estamos frente a una película especialmente perturbadora ni mucho menos traumática. De hecho, en comparación con otras producciones recientes del género, “El Pasajero del Diablo” (Passenger) se siente sorprendentemente relajada. Y eso puede jugar tanto a favor como en contra dependiendo de lo que esté buscando el espectador.
Si alguien espera una experiencia intensa, incómoda o realmente aterradora como las grandes películas de terror que han salido últimamente, probablemente salga decepcionado. El villano nunca termina de generar verdadero miedo y muchos de los momentos que deberían impactar pierden fuerza justamente por lo predecibles que resultan. La película jamás alcanza ese nivel de tensión que deja al público pensando en ella después de salir del cine.

Sin embargo, tampoco sería justo decir que es una mala película. “El Pasajero del Diablo” (Passenger) entretiene. Tiene ritmo suficiente para mantener la atención y cuenta con varias secuencias nocturnas que visualmente funcionan bastante bien. El problema es que también se vuelve repetitiva y, por momentos, incluso tediosa, porque gran parte de la experiencia consiste simplemente en recorrer carreteras oscuras mientras la historia avanza muy lentamente hacia un desenlace bastante convencional.
Al final, “El Pasajero del Diablo” (Passenger) termina siendo una película de terror completamente intermedia: no suma demasiado al género, pero tampoco lo arruina. Es una experiencia ligera, sencilla y mucho más relajada de lo que uno podría esperar. No será la película que te deje con pesadillas ni la que redefina el horror moderno, pero sí puede funcionar para quienes simplemente quieren desconectarse un rato y disfrutar de un terror más clásico, simple y directo, sin mayores pretensiones.
















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