[Reseña] “El Triángulo de la Tristeza”: Una sátira de armas tomar

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Tras ser nominada a 3 Premios Oscar: “Mejor Película”, “Mejor Director” y “Mejor Guion Original”, finalmente “El Triángulo de la Tristeza” (Triangle of Sadness), la obra de Ruben Östlund, llega a la gran pantalla exclusivamente en Cineplanet Chile y salas independientes del país.

Sinopsis: Tras la Semana de la moda, Carl (Harris Dickinson) y Yaya (Charlbi Dean), pareja de modelos e influencers, son invitados a un yate en un crucero de lujo. Mientras que la tripulación brinda todas las atenciones necesarias a los ricos invitados, el capitán se niega a salir de su cabina, a pesar de la llegada inminente de la célebre cena de gala. Estas lujosas vacaciones, tomarán un giro inesperado cuando un suceso sacuda sus acomodadas vidas e invierta los roles sociales.

Östlund regresa a la carga con una oscura y ardida sátira social que a veces parece ser demasiado cruda y gráfica, pero que es una perfecta representación de la realidad. El director no tiene reparos ni mesura al mostrar el lado más extremo de esta sociedad aspiracional y materialista, en donde el estatus parece ser una medalla que todos cargan con orgullo y por la que son capaces de hacer y arriesgar sin límites.

La cinta presenta cómo el mundo enfocado constantemente en las apariencias, la belleza y las posesiones es demolido hasta reformular el valor y el poder de cada uno de esos elementos, en un grupo en donde la jerarquía social se ve completamente invertida para cuestionar cuál es el verdadero mérito tras lo que representa cada uno de los personajes.

Aquí conocemos a un grupo de personajes bastante particular: Una pareja formada en base a las proyecciones y las apariencias, que parecen vivir más en la vida que proyectan que en la realidad misma, y cuyo único valor parece residir en la belleza y la imagen. Un hombre desmedidamente rico que no cree en el capitalismo, una adorable pareja que ha construido su fortuna en base a armamento bélico, un mujer que cree que en su abuso de poder es en verdad un acto fundado en la más absoluta bondad, una empleada abusada e ignorada que toma cualquier ápice de poder apenas se presenta la oportunidad. Todos personajes llenos de defectos, en donde ningún momento alguno es santificado o exonerado de sus acciones o decisiones, que son basadas netamente en el egoísmo y tomadas por esa mente ya deformada por el mundo inventado en el que viven.

En la historia cada personaje tiene un calce perfecto, nada existe por azar. Su decadencia nos guía hacia el cuestionamiento de los roles de género, la reformulación de las posiciones de poder, el descubrir la verdadera motivación de las acciones humanas, que puestas a prueba parecen ignorar la existencia del altruismo. El guion es inteligente y muy ágil, saltando de momentos burdamente ridículos a otros mucho más articulados que se complementan a la perfección. Es en resumen una crítica descarnada y sórdida a las clases altas y las posiciones de poder, y quizás hasta a la misma naturaleza humana, dotada de un humor único y una estructura perfecta de principio a fin, con giros inesperados, momentos incómodos y crudas verdades.

Ahora, siendo sinceros, la cinta tiene una forma gráfica e incluso grotesca de guiarnos a través de estas declaraciones, las que podrían ser intolerables para algunos (sobre todo en una escena considerablemente larga llena de vómito y diarrea). Esto si bien a ojos de algunos podría parecer innecesario, se vuelve la demostración más pura de que no hay nadie que se salve de los males propios de ser humano, no importa qué tan divino crea ser. Finalmente, te guste o no, es imposible que salgas indiferente de la sala de cine. La cinta llega exclusivamente a Cineplanet y salas independientes de la mano de Diamond Films Chile.

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