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Ya se encuentra disponible en los cines de Chile: “Exit 8”, la nueva apuesta japonesa de terror psicológico inspirada en el exitoso videojuego del mismo nombre. Tanto el juego como la película siguen a un hombre atrapado en un interminable pasillo de metro, obligado a detectar pequeñas anomalías para poder avanzar y encontrar la misteriosa “Salida 8”. Una premisa simple, pero profundamente inquietante, donde cualquier error significa volver a empezar desde el principio.
Sinopsis: Un hombre (interpretado por Kazunari Ninomiya) queda atrapado en un pasillo subterráneo de metro que se repite infinitamente, con la misión de encontrar la “Salida 8”. Las reglas son claras: cada vez que detecte algo extraño (una anomalía), debe regresar al inicio; si no lo hace, se permite avanzar. Pero basta un solo error para comenzar otra vez. El suspenso crece con cada loop: ¿logrará alguna vez escapar de este corredor infinito y perturbador?
La cinta japonesa tiene una premisa simple, pero tremendamente atrapante: un joven queda encerrado en los pasillos de una estación de metro. No importa cuánto camine o corra, siempre termina regresando al mismo punto. La única forma de escapar es siguiendo una regla escrita en un cartel: si encuentra una anomalía, debe retroceder; si no la hay, avanzar. Parece sencillo… hasta que deja de serlo.
Presentada en el Festival de Cannes, esta es la segunda película de Genki Kawamura, quien debutó con “Hyakka” (2022). Aunque su primera cinta tuvo una buena recepción, Kawamura se ha consolidado principalmente como productor gracias a títulos como “Monster”, “Suzume” y “Your Name”. El protagonista, en tanto, es Kazunari Ninomiya, a quien hemos visto en adaptaciones live action como “Gantz” y “Oshi no Ko”.

La película funciona como una adaptación muy efectiva del videojuego del mismo nombre (disponible en Steam y Google Play), replicando con fidelidad sus reglas, dinámica y esa sensación permanente de ansiedad e incertidumbre. Al mismo tiempo, bebe directamente de conceptos como los backrooms y de experiencias similares a “I’m on Observation Duty”, donde el horror nace de observar espacios aparentemente normales hasta que pequeños detalles comienzan a desentonar. Ese miedo a no saber si realmente viste algo extraño, o si tu mente te está jugando una mala pasada, se convierte en el corazón de la experiencia, haciendo que incluso los cambios más mínimos resulten profundamente inquietantes.
La tensión está presente durante todo el filme. Desde el inicio, un impresionante plano secuencia deja claro que no existe escapatoria: da igual cuánto avances o qué tan rápido corras, el bucle siempre te devuelve al mismo lugar. Esa sensación se mantiene durante todo el metraje y logra transmitir la claustrofobia de manera muy efectiva, haciendo que el espectador viva la desesperación en primera persona.

Lo más inquietante es que conocemos las reglas, pero nunca tenemos verdadera certeza de nada. Jamás sabemos si realmente existe una anomalía o si es nuestra mente la que comienza a fallar. Ese juego psicológico está muy bien construido desde el guion y mantiene la tensión constantemente. Visualmente, además, la película destaca muchísimo, con claras influencias del terror psicológico y ciertos ecos de “The Shining” (1980).
El diseño visual es pulcro y engañosamente cotidiano. Ese espacio se siente completamente real gracias al montaje, logrando vender de manera convincente la idea de un bucle infinito dentro del metro. El sonido también cumple un rol fundamental: el vacío, el eco de las pisadas, un bebé llorando dentro de un casillero… terminan construyendo una atmósfera profundamente perturbadora que envuelve por completo esta historia sin salida.

En paralelo, el protagonista enfrenta un conflicto personal que convierte este recorrido en algo mucho más profundo que un simple viaje físico: el encierro termina funcionando también como un tránsito emocional, una especie de paso forzado hacia la madurez. Esa vulnerabilidad se intensifica aún más desde el momento en que descubrimos que sufre de asma y depende de un inhalador. En un espacio donde correr, desesperarse y mantenerse en constante movimiento parece inevitable, su condición se transforma en una fuente permanente de angustia que la película utiliza de manera muy efectiva para aumentar la tensión.
En fin, si buscas una película que te atrape, te incomode y te mantenga dudando hasta el final, “Exit 8” es una apuesta segura. Un ejercicio de terror psicológico minimalista, sólido y tremendamente efectivo. Eso sí, después de verla, probablemente no volverás a caminar por los pasillos del metro de la misma forma.
















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