[Reseña] “Hechizo de Amor: La Magia Continúa”: Vuelve la nostalgia, vuelven las brujas

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Ya está disponible en los cines de Chile: “Hechizo de Amor: La Magia Continúa” (Practical Magic 2), la esperada secuela del clásico de culto de 1998 que vuelve a reunir en la pantalla grande a Sandra Bullock (Miss Simpatía) y Nicole Kidman (Big Little Lies).

Sinopsis: Protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman, HECHIZO DE AMOR: LA MAGIA CONTINÚA nos transporta de vuelta a un mundo envuelto en travesuras bajo la luz de la luna y una poderosa magia ancestral. Las hermanas Owens deberán enfrentarse a la oscura maldición que amenaza con destruir a su familia de una vez por todas, en un evento cinematográfico imperdible lleno de diversión, magia y caos.

Estrenada hace casi tres décadas, “Hechizo de Amor” (1998) se convirtió con el paso de los años en una película de culto gracias a su mezcla de fantasía, romance, comedia y drama familiar. La historia sigue a las hermanas Sally y Gillian Owens, descendientes de un antiguo linaje de brujas marcado por una devastadora maldición: todo hombre del que una mujer de la familia Owens se enamora está condenado a morir prematuramente. Mientras Sally intenta dejar atrás la magia para vivir una vida normal, Gillian abraza su naturaleza impulsiva, hasta que un oscuro acontecimiento las obliga a unir fuerzas para enfrentar una amenaza sobrenatural y aceptar el legado de su familia.

Ahora, más de dos décadas después de los acontecimientos de la cinta original, “Hechizo de Amor: La Magia Continúa” (Practical Magic 2) nos transporta nuevamente al mágico universo de las Owens. En esta ocasión, Sally y Gillian deben enfrentarse a la oscura maldición que ha perseguido a su familia durante generaciones y que, ahora, amenaza con destruirla para siempre, en una historia que combina magia, humor, romance y un toque de caos sobrenatural.

Cuando vi “Hechizo de Amor” (1998) por primera vez, me gustó muchísimo. Una historia de brujas, magia y amor era todo lo que necesitaba… y terminó convirtiéndose, incluso, en una de mis películas favoritas. Recuerdo especialmente a Nicole Kidman (Big Little Lies) como esa chica rebelde que representaba todo lo que yo quería ser. La admiraba, me encantaba su estilo, su personalidad, su forma de enfrentarse al mundo. Por eso, cuando me enteré de que habría una segunda película, mi primera reacción fue pensar que no la necesitaba. Es más, me parecía innecesaria. La primera es linda tal como es, ¿para qué tocar algo que funciona tan bien? Pero, estaba equivocada.

“Hechizo de Amor: La Magia Continúa” (Practical Magic 2) me encantó, porque no fue simplemente volver a ver a mis brujas favoritas… fue reencontrarme con ellas desde otro lugar. Volver a esa historia tantos años después significó encontrarme con la nostalgia, pero también con la familia, el paso del tiempo, el linaje y, sobre todo, con el significado de la hermandad.

Esta película me llegó a lo más hondo de mi ser como mujer, hermana, hija y mamá. Porque, más allá de la magia y de las brujas, esta es una historia sobre mujeres. Sobre un matriarcado, sobre una familia construida alrededor de generaciones de mujeres poderosas y sobre aquello que somos capaces de hacer para proteger a quienes amamos. Habla de lo que significaba ser mujer antes, de lo que significa serlo hoy y del lugar que muchas veces ocupamos dentro de nuestras familias (y, quizás, por eso mismo me hizo llorar en algunos momentos).

Hay algo difícil de explicar sobre lo que significa crecer y vivir dentro de una familia matriarcal. Sobre la fuerza que se hereda de otras mujeres, sobre las cosas que ellas dejaron atrás para proteger a los suyos y sobre aquello que nosotras también estamos dispuestas a sacrificar. La película consiguió tocar esa fibra en mí y hacerme sentir parte de su historia.

Ver nuevamente a las tías, a nuestras brujas favoritas y, ahora, a sus hijas, es entender la importancia de ese linaje. De mujeres que vienen de otras mujeres y que, de una forma u otra, cargan con sus historias, sus dolores y, también con su fuerza.

Por supuesto, volver a ver juntas a Nicole Kidman (Big Little Lies) y Sandra Bullock (Miss Simpatía) es un verdadero agrado. Son dos actrices que me encantan y que, incluso después de tantos años, siguen demostrando una química que traspasa la pantalla. Pero esta vez hubo algo que hizo que su regreso tuviera un significado todavía más especial.

Ambas llegaron a esta película después de atravesar momentos personales muy dolorosos, marcados por el amor y la pérdida. Y resulta inevitable pensar en la ironía de que regresen precisamente a una historia cuya esencia siempre ha girado en torno a eso: amar sabiendo que podemos perder, el miedo a entregarnos, el dolor que puede dejar el amor y esa cruel certeza de que algunas cosas que creemos eternas, simplemente pueden terminar.

También me encantó que regresara parte importante del elenco original. Y no me molestó que las hijas ahora sean interpretadas por otras actrices. Recuerdo perfectamente que en la primera película eran otras niñas y pensé que el cambio podría sacarme de la historia, especialmente porque ahora eligieron a actrices conocidas como Maisie Williams (Game of Thrones) y Joey King (The Kissing Booth). Claramente, sus nombres también ayudan a atraer a una nueva generación de espectadores, pero finalmente no me molestó en absoluto. Al contrario: creo que sus aportes fueron justos y necesarios. La película no necesitaba más.

Y hay otra razón por la que disfruté tanto esta historia: me gusta que sea una película de mujeres, protagonizada por mujeres y que no tenga miedo de hablarles directamente a ellas.

Últimamente he visto demasiadas películas donde los hombres siguen ocupando el lugar de protagonistas y héroes mientras las mujeres quedan relegadas al papel de complemento. Y cuando aparecen grandes producciones protagonizadas por mujeres, muchas veces pareciera que se las juzga con una dureza especial. ¿Coincidencia? No lo creo. Por eso, espero de todo corazón que a “Hechizo de Amor: La Magia Continúa” (Practical Magic 2) le vaya bien.

Quizás la primera película me encontró en un momento en que admiraba a una Nicole Kidman rebelde y, de alguna manera, quería parecerme a ella. Esta segunda me encuentra en un lugar completamente distinto de mi vida: siendo mujer, hija, hermana y mamá; entendiendo mucho más el peso de las mujeres que estuvieron antes que yo y pensando también en aquello que una deja para las que vienen después.

Tal vez por eso esta secuela, que durante mucho tiempo pensé que no necesitaba, terminó encontrándome justo cuando más la necesitaba. Porque algunas historias no cambian, pero nosotros sí. Y cuando volvemos a ellas desde otro lugar, pueden decirnos cosas que antes simplemente no estábamos preparados para escuchar. Esta vez, esta película llegó directo a mi corazón.

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